Hace un siglo, sólo siete países en el mundo eran más prósperos que la Argentina (Bélgica, Suiza, Gran Bretaña y cuatro ex colonias inglesas, entre las cuales se incluye a los Estados Unidos), según la base de datos de ingresos históricos de Angus Maddison. En 1909, el ingreso per cápita en la Argentina era un 50 por ciento más alto que el de Italia, un 180 por ciento superior al de Japón y casi cinco veces mayor que el de su vecino Brasil. En el transcurso del siglo XX, la posición relativa de la Argentina en los ingresos mundiales bajó drásticamente. Para 2000, los ingresos del país eran menos de la mitad que los de Italia o Japón.

El siguiente gráfico muestra la relación entre los ingresos de 1909 y los de 2000 (en dólares del año 1990); aquí la Argentina se encuentra en un extremo. La brecha entre los ingresos de 2000 y el éxito económico pronosticado, basado en los ingresos de 1909, es mayor para la nación sudamericana que para cualquier otro país.

¿Por qué le fue tan mal a esa nación que alguna vez fue tan rica?

La Argentina fue maldecida por malas políticas responsables, en gran parte, de los problemas del país, pero ¿por qué resultó tan problemático el sector público?

En un artículo reciente, Felipe Campante y yo hemos tomado una perspectiva urbana sobre la particularidad argentina y comparamos Buenos Aires con Chicago en 1900.

En muchos aspectos, las dos ciudades resultan ser sorprendentemente similares. Chicago creció muchísimo en el siglo XIX como conducto para la riqueza agrícola del interior de los Estados Unidos. En 1816, el costo de trasladar mercancías a través de 32 millas por tierra y el costo de enviarlas al otro lado del Atlántico era el mismo. El enorme costo del transporte por tierra hizo que la población de los Estados Unidos se ubicara sobre la costa este ya que dependía del Atlántico. Durante 1800, una gran red de transporte de canales y rieles hizo que las ricas tierras agrícolas fueran accesibles. Ciudades como Chicago crecieron como nodos de esta red.

La historia de Buenos Aires es muy similar. Al igual que Chicago, la ciudad se encontraba rodeada por un vasto y fértil territorio interior. Buenos Aires creció como centro para el transporte de productos agrícolas hacia el este. Los buques frigoríficos aumentaron considerablemente su capacidad para transportar carne vacuna. La industria textil también fue la más grande de Buenos Aires.

Pero también hubo diferencias importantes entre los dos lugares.

Chicago era sustancialmente más rica, aun hace un siglo. El capital por trabajador era más de dos veces mayor en la Ciudad del Viento. Chicago fue un semillero de innovaciones tecnológicas, incluyendo el rascacielos, el cierre y la lavadora eléctrica. Los empresarios de Buenos Aires, como Torcuato Di Tella (dedicado a la industria), a menudo lograron el éxito a través de la importación de tecnologías desde Estados Unidos (Di Tella importó las bombas de gas y refrigeradores).

Los mayores niveles de innovación tecnológica en Chicago probablemente reflejaron los niveles más altos de educación en Estados Unidos. A lo largo del siglo XIX, Chicago estaba casi completamente alfabetizada, porque quienes llegaron desde las áreas rurales hacia la ciudad habían recibido una buena educación en las escuelas comunes que se encontraban en el interior rural de los Estados Unidos. En contraste, más de la quinta parte de la población de Buenos Aires era analfabeta hasta 1900, lo cual refleja los niveles mucho más bajos de educación en la Argentina rural.

Como indica la figura siguiente, no hay ninguna variable de 1900 que explique mejor el éxito del año 2000 que la inversión en educación.

La escolarización se mide por la proporción de poblaciones importantes que se encontraban cursando estudios primarios, secundarios o terciarios. La Argentina pudo haber sido rica, pero no estaba tan bien educada. En 2000, a la Argentina le estaba yendo tan bien como se podría esperar en función de su nivel de educación en 1900. El éxito nacional a largo plazo se basa en el capital humano, tanto por la relación entre la educación y la tecnología como por la relación entre la educación y el buen funcionamiento de la democracia.

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