Los beneficios que pueden proporcionar los alimentos van más allá de la prevención, ya que muchos de ellos funcionan como auténticos medicamentos.
Cada uno tiene una fórmula completa peculiar formada por nutrientes y sustancias vegetales activas con efectos directos sobre los diferentes órganos y sistemas del cuerpo.
Alimentos buenos para el cerebro
Plátano. Esta fruta ayuda a equilibrar los neurotransmisores cerebrales. Además, su vitamina B ayuda a transformar un bajón anímico en un subidón. Un solo plátano bien maduro al día, junto con una dieta rica en cereales integrales y legumbres, es suficiente para corregir ligeros desequilibrios.
Copos de avena. Proporcionan un fresco empujoncito a las neuronas. Aportan energía para todo el día, mientras que el hierro y el magnesio favorecen el transporte del oxígeno hasta el cerebro. Por otra parte, tienen efectos sedantes. De hecho, los estudios llevados a cabo con fumadores que desean dejar el tabaco han demostrado que la avena reduce el síndrome de abstinencia. Por otra parte, tomar cada día por la mañana una taza de muesli con dos cucharadas de copos de avena aumenta significativamente la capacidad para concentrarse.
Pipas de girasol. Dos cucharadas diarias, unos 30 gramos, aportan dosis importantes de ácidos grasos insaturados, fósforo y magnesio. Los ácidos grasos son necesarios para la buena comunicación entre las neuronas y los dos minerales resultan de gran ayuda en las funciones cerebrales. Además, las pipas contienen bastante vitamina E antioxidante, que protege las neuronas.
Ciruelas pasas. Todo el mundo sabe que su abundancia en fibra es muy útil para resolver el estreñimiento. Pero también son muy apropiadas para los trabajadores intelectuales que notan cierto cansancio, ya que poseen cantidades significativas de vitaminas del grupo B, que estimulan y regeneran el sistema nervioso. Cuatro o cinco ciruelas diarias proporcionan dosis importantes de vitaminas y fibra
Alimentos que dañan el cerebro
Sodas y bebidas gaseosas Un estudio de 2017 descubrió que las personas que bebían al menos una gaseosa dietética a diario tenían casi tres veces más probabilidades de desarrollar demencia. Para el estudio, los investigadores monitorearon a los voluntarios durante 10 años mientras buscaban evidencia de demencia en 1.484 participantes mayores de 60 años.
Bebidas azucaradas Una alta ingesta de bebidas azucaradas también demuestra la relación entre la diabetes tipo 2 y la enfermedad de Alzheimer. Existe un vínculo entre la diabetes y la demencia en general. Los niveles más altos de azúcar en la sangre pueden conducir a un mayor riesgo de demencia, incluso en aquellos sin un diagnóstico de diabetes.
Un nuevo estudio publicado en la revista Diabetologia en enero de 2018 encontró que las personas con niveles altos de azúcar en la sangre tenían un índice de deterioro cognitivo más rápido que aquellos con niveles normales de azúcar en la sangre. En otras palabras, cuanto mayor es el azúcar en la sangre, mayor es el riesgo de deterioro cognitivo.
El estudio siguió a 5.189 personas con niveles altos de azúcar en la sangre durante un período de 10 años. Es importante señalar que el alto nivel de azúcar en la sangre no siempre les había dado a los participantes un diagnóstico de diabetes.
El jarabe de maíz con alto contenido de fructosa (JMAF) es el principal ingrediente de las bebidas azucaradas, que a menudo se atribuye a un mayor riesgo de demencia, problemas de memoria y una mayor inflamación cerebral. Un estudio publicado en la revista Hippocampus en 2015 mostró que la memoria y la inflamación cerebral en ratas que consumían una dieta de 11% de JMAF era peor que las ratas que consumían una dieta con un 11% de azúcar regular.
Salsa de soja (alimentos con alto contenido de sodio) Algunas personas pueden consumir una dieta alta en sal sin tener hipertensión arterial. Sin embargo, una dieta alta en sal puede afectar la salud del cerebro en su lugar. La sal en forma de sodio es especialmente alta en alimentos procesados, como la salsa de soja.
Una dieta alta en sal está relacionada con un mayor riesgo de demencia y enfermedad de Alzheimer.
Un estudio publicado en la revista Nature Neuroscience en enero de 2018 encontró que los ratones alimentados con una dieta muy alta en sal tenían una disminución en el flujo sanguíneo al cerebro, una reducción en la función cognitiva y una disminución en la integridad de los vasos sanguíneos en el cerebro. El deterioro cognitivo de la sal parece ser el resultado de las señales enviadas desde el intestino al cerebro por el sistema inmune.
En el intestino delgado de los ratones, los investigadores encontraron que una dieta alta en sal había provocado una respuesta inmune que aumentó los niveles circulantes de la sustancia inflamatoria conocida como interleucina-17 (IL-17). Los altos niveles de IL-17 desencadenan una respuesta química dentro de los revestimientos internos de los vasos sanguíneos del cerebro.

El suministro de sangre se ralentizó en la memoria y el aprendizaje de las regiones del cerebro en los ratones alimentados con una dieta alta en sal. Cuando terminó la dieta rica en sal, se restableció la función cognitiva en los ratones.

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