Aprendan de mis errores.

Mi historia de extorsión sucedió hace unas semanas. Un domingo común y corriente, crudo y extremadamente caliente, decidí regresar a un hábito que tenía años de no poner en práctica: masturbarme a través de un sitio web de videollamadas aleatorias. Estos sitios —como Chatroulette, Omegle, Chatspin— tienen una funcionalidad muy básica: prendes la cámara y el micrófono y te pones a platicar con gente que aparece al azar entre miles de personas esparcidas en todo el mundo. Una vez comenzada la conversación tienes la posibilidad de presionar “siguiente” si esa interacción no te place, e inmediatamente aparecer en la pantalla de otra persona.

Todo iba normal, en orden, un par de penes por ahí, un par de mujeres que me dieron “siguiente” sin siquiera poder hablar, cuando de repente, una mujer rubia de Estados Unidos comenzó a platicar conmigo: “Ya estuvo”, pensé, y de alguna manera no estaba mal, en efecto, esta mujer estaba buscando lo mismo que yo, solamente que con otra finalidad. Platicamos brevemente a través del micrófono, no noté ningún tipo de trampa —no es la primera vez que hacía esto—, todo se veía sin problema y concordante con la conversación; la fluidez de nuestro enlace me permitía ver que no era una grabación con quien estaba teniendo la interacción.

Cuando se comienzan a calentar las cosas, yo ya habiéndome quitado la playera, me pide mi usuario de Skype para platicar mejor por ahí. Claramente, sin pensarlo dos veces, se lo entrego, nos agregamos y reanudamos la conversación como una videollamada sexual a través de esta plataforma. Me pide que me quite el resto de la ropa y le pido que haga lo mismo. Empezamos a decir cochinadas sobre lo que haríamos si estuviéramos juntos, y completamente desnudos los dos nos masturbamos. Esto siguió durante unos 5 minutos y ya me encontraba muy, muy cerca de el orgasmo.

De pronto, se corta la imagen y no vuelvo a saber de “Cindy”, quien asumo estaba íntimamente coludida en el asunto. Espero que si haya sido así, honestamente quiero pensar que si tuve una interacción con esa mujer: platicamos voz a voz, respondía a mis preguntas y hacía movimientos que muy difícilmente se podrían programar en el calor del momento. De cualquier manera, Cindy me hizo una muy mala jugada. La imagen de su cámara se tornó negra, se dejó de escuchar su voz y entró la de un hombre hablando inglés. Este tipo comenzó a hablar con pleno conocimiento de mi lugar geográfico, me pidió $4000 pesos a través de una transferencia bancaria. Preocupado y consciente de lo que sucedía, le contesté “estoy jodido de cualquier manera así que no”. Acto inmediato se prende su cámara y me muestra el Facebook de un amigo cercano, amenazando con subir el video de no cumplir con su extorsión; me mandó nombres y listas de familiares y amigos, demandando su cuota con insultos para presionarme.

Alrededor de 50 contactos de mi Facebook aparecieron en la lista del extorsionador

Alrededor de 50 contactos de mi Facebook aparecieron en la lista del extorsionador

Para este punto ya tenía guardado el pene y estaba empezando a pensar que debería rezar para que no pasara nada. La conversación duró poco a partir de ahí y no acepté pagarle al tipo ni madres, a medio insulto decidí colgarle y bloquearlo. Le avise a un par de personas cercanas por si pasaba cualquier cosa —personas que entendían mi situación— y solamente quedó esperar lo peor. Eso, gracias a todos los cielos, hasta ahora, no ha sucedido.

Acto seguido contacté directamente a Skype para que bloquearan la cuenta de Cindy de manera inmediata. Tomó un par de horas contactar, mandar capturas de pantalla para que finalmente lo lograran. De hecho, se tardó en proceder porque había un punto en su nombre de usuario que no había visto y lo hacía difícil de reportar. Ni yo, ni el técnico de Skype, nos dimos cuenta hasta un par de horas después —las más largas de mi vida—.

Mi consejo, por ahora, hacia los compañeros que también tengan una afición por encontrar pareja a través de internet es: no lo hagan. Ahora, si de verdad no pueden evitarlo y caen como yo en las redes de gente como “Cindy”, recomiendo proceder de la misma forma que lo hice yo, y mandarlos directo a la mierda.

Consulté foros y vi muchos casos similares al mío, resultando en que la mayoría de las veces, cuando uno se niega a pagar el extorsionador, procede a ir por una víctima nueva. No tiene mucho sentido lógico que se quede con el video si se dedica a esto, porque eso significaría completar cientos de terabytes enteros con tipos masturbándose, lo cual es muy improbable. Espero.

Publicado originalmente en VICE.com

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