En plena guerra comercial con Estados Unidos, Pekín ha decidido otorgar un ingente simbolismo a la inauguración este lunes de la ambiciosa Exposición de Importación Internacional de China (Ciie) para distanciarse de su imagen tradicional de país exportador e insistir que ahora es uno de los principales adalides del libre intercambio de productos frente al proteccionismo que defiende Donald Trump.

El atractivo de un mercado de casi 1.400 millones de habitantes -400 de ellos de clase media- ha concitado la presencia de casi 3000 compañías y políticos de unos 130 países y regiones de todo el orbe, incluidas medio millar de empresas procedente de Europa. Los organizadores esperan la presencia de al menos 160.000 compradores.

Aunque la mayoría de los países occidentales han decidido enviar delegaciones bajo nivel al evento, Pekín ha conseguido atraer a primeros ministros como el de Rusia, Hungría, Pakistán, o Vietnam; presidentes de estados como el de Kenia, El Salvador, Cuba o la República Checa; y, personajes del mundo de las finanzas y la tecnología como Bill Gates, el presidente del grupo bancario HSBC, Mark Tucket, o el sempiterno Jack Ma.

Según declaró Fu Ziying, viceministro de comercio chino, en una reciente rueda de prensa, la cita pretende ser otro acto destinado promover la globalización económica.

“Será una plataforma de cooperación abierta para que los países de todo el mundo puedan mostrar su imagen nacional y realizar comercio internacional”, manifestó el representante político local.

Las importaciones chinas durante los pasados nueve meses de este año aumentaron un 20% con respecto al año precedente y ascendieron a los 1.600 millones de dólares. Las compras de China han aumentado una media del 9 por ciento durante la última década, por encima de su propio índice de crecimiento económico.

Sin embargo, la mayoría de las firmas extranjeras siguen quejándose del hecho de que las proclamas de Pekín no concuerdan con las restricciones que enfrentan a la hora de hacer negocios en este país.

“Las empresas europeas quieren que se aborde con urgencia que la persistente falta de acceso a muchos sectores del mercado (chino)”, aseguró en un informe la oficina en Shanghai de la Cámara de Comercio de la Unión Europea.

Una encuesta de la misma entidad encontró que un 46% de las firmas europeas consultadas se quejaron de ver restringidas sus oportunidades de negocio en China a causa de los obstáculos creados por la regulación local y las restricciones establecidas por las autoridades.

Xi Jinping tiene previsto dirigir un esperado discurso en la inauguración de este lunes, que según algunos expertos locales podrían dar paso a nuevas medidas aperturistas que “Esto seguro de que (Xi) hará énfasis en la apertura porque este año marca el 40 aniversario” de las medidas que adoptó Deng Xiaoping para apartarse del comunismo maoísta, opinó Wang Huiyao, asesor del gobierno chino, en declaraciones a la emisora CNBC.

“Esta exposición está dirigida también a los Estados Unidos, porque realmente muestra que China quiere comprar más, y eso es lo que el presidente Trump está buscando”, añadió el mismo experto.

Washington ha decidido no enviar a ningún representante oficial a la Expo ratificando el precario estado de las relaciones bilaterales de ambos países, que han pasado de la pugna comercial a una escalada de tensión que se ha extendido a muchos otros sectores, incluida la rivalidad militar en zonas como el Mar del Sur de la China o Taiwán.

Por el contrario, los medios chinos informan que al menos 180 compañías estadounidenses como Whirlpool, Qualcomm o General Electric estarán presentes en la Expo.

Pese al cambio de tono en las declaraciones de Donald Trump y Xi Jinping en las últimas horas respecto a la confrontación comercial y su posible encuentro en la cumbre del G20 en Argentina, lo cierto es que la mayoría de los analistas han cuestionado que estos guiños mutuos sean la antesala de un posible acuerdo que ponga fin a la rivalidad.

De hecho, fuentes de la administración norteamericana citadas por Bloomberg habían dicho esta semana que si el diálogo entre los dos presidentes no lleva a ningún pacto, Trump se dispone a imponer nuevos aranceles a las importaciones chinas en diciembre.

Washington ya puso en vigor aranceles por valor de 250.000 millones de dólares a los productos provenientes de china, y Pekín respondió con 110.000 millones.

“Esto es parte de un amplio cambio estructural en la relación entre EEUU y China. Incluso si Xi y Trump pueden alcanzar un alto el fuego en el G20, sólo están jugando a ganar tiempo y no a regresar a una relación normal”, opinó Bill Bishop, responsable de Sinocism, una publicación especializada en China.

El viceministro de Comercio, Wang Bingnan, afirmó este sábado en Shanghai que su país está dispuesto a poner fin a la guerra comercial pero sólo mediante una “conversación mutuamente respetuosa” con EEUU.

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